domingo, 30 de abril de 2017

Life doesn't mean a thing to me.

Lo bonito no quita lo tóxico.
Imaginaos vivir en ese ideal en que los opuestos se complementan. En la praxis, protón y protón es más probable que la heterogénesis. A mí me gusta llamarlo "yocentrismo". Siempre me gustó inventar palabras aunque a veces no las encuentre.

No sé -ni quiero saber- en qué fase estoy, pues solo supondría un cambio de preguntas; lo de que el saber no ocupa lugar me lo tomo demasiado al pie de la letra.

Quisiera conocer a alguna musa que no haya nacido en el mismo sitio que todas las demás. Pero bueno, tampoco soy tan triste si te centras más en mi faceta autocompasiva. Ocupa mucho.

(Breve pausa para cambio de canción).

Hace unos días me vi sumergida en la dicotomía que reside en fumar tabaco de liar y no tener más que cerillas, porque solo dios sabe lo frágiles que son los mecheros en estos tiempos. No más frágiles que tu ego o que mis huesos, pero tampoco demasiado alejados de la hipérbole. Lo que es de veras hermoso es el impacto. Siempre el golpe. La colisión entre lo que psique se cuenta a sí misma y lo que physis se empeña en dejar claro. Solo ese instante vale la pena, esa casi imperceptible fracción de Cronos en la que, al fin, el ideal se esfuma y tus sentidos desnudos perciben, esta vez sin estar nublados por tus propios químicos, lo que siempre ha estado ahí.
Nada de epopeyas.
Nada de caminos.
Ni villanos, ni héroes.
Solo motivaciones, conveniencias y tú que te das cuenta.

Quizá no me estés siguiendo, pero Thom Yorke no para de decirme que me despierte del sueño este. ¿Tendrás el café hecho para cuando empiece a darle uso a los consejos ajenos?

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