martes, 13 de diciembre de 2016

FHSS

Ser una buena actriz es algo bastante útil. Ser bonita también lo es. Si eres actriz y la más bonita del mundo, a la vez que mereces un Nobel y un par de galardones sociales, mejor y peor.

Protagonizar las primeras escenas sexuales en el mundillo del cine es de esas cosas que deberías poner en el currículum, aunque nunca sabes exactamente en qué parte; nunca debajo de lo de: "encarné el primer orgasmo femenino del séptimo arte". A ver si se van a pensar lo que no es.

Situarlo debajo de ciertos hallazgos científicos de mediados del siglo pasado -que estás utilizando ahora mismo- puede quedar un tanto pedante; sin embargo, lo de descubrir los espectros ensanchados por saltos de frecuencia y cumplir los dictámenes de Tesla, es algo que debería destacarse de alguna manera.

En vez de currículum, mejor hago autobiografía.
Aunque publicar mis cosas bajo el nombre del colega este, nunca más; pero entendedlo, el hombre blanco debía saber lo que yo sabía. Luego una quiere reconocimientos y son difíciles de conseguir.
Hablando de hombres blancos, nunca os caséis con un nazi. Son aburridos en la cama y tienes que acabar drogando al servicio para poder irte del continente en un barco en el que a duras penas cabes.

Cualquier mujer puede ser glamurosa, lo único que tiene que hacer es quedarse quieta y parecer estúpida.

Hedy Lamarr, el orgasmo del cine que inventó el wifi.
Y el bluetooth.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Sonata de otoño

Hoy estaba durmiendo y me desperté tres horas antes de lo normal.
No tengo una hora normal preestablecida en la que me despierto sí o sí, ya sabéis como soy con los horarios, pero vamos a dejar eso pendiente para un futuro debate.
El asunto es que estaba soñando cosas bonitas que quería que pasasen. No me preguntéis más, porque no me acuerdo. Sí sé que sería interesante que la positividad que irradiaba mi yo onírico se me contagiase un poco. Solo un poco.
Llegados a este punto, os doy por introducidos a mi atmósfera prematinal y, como veo que está de moda, os voy a hablar de la parálisis del sueño también conocida como "la vieja bruja", "fantasma en la cama" u "Ori Darko: vida y obra". Os digo que es curioso porque siempre intento relacionarlo todo con los guisantitos de Mendel y, en este caso, me están fallando. Los guisantes y Mendel. Los dos.
Mi madre es sonámbula.
Yo noctámbula, pero eso, de nuevo, lo dejamos como tesis para otra tertulia.
Desde un punto de vista infantil y simplista -oséase: mi punto de vista- el sonambulismo y las parálisis del sueño, son cosas opuestas. Así que la genética ha decidido ser graciosa. O a lo mejor esto no tiene nada que ver con que mi madre sea mi madre, pero me gusta mucho Bergman como para admitir lo contrario, de modo que todo este párrafo, os lo tomáis como premisa subjetiva.
Lo que no podéis dar por sentado es lo graciosa que está mi madre caminando dormida -la torpeza sí es un carácter hereditario-. Un día hizo las maletas y no se fue porque no encontraba el mechero. Mi madre siempre pierde los mecheros. Carácter hereditario.
Me gustaría ser sonámbula, los sonámbulos se mueven y hacen sus sueños realidad.
Yo me quedo quieta, con los pies fríos, mientras siento a Belcebú acercarse a mi nuca. Belcebú respira muy fuerte y está fuera de mi campo de visión. Ojalá pudiera verlo, siempre he querido saber cómo son sus pómulos.