viernes, 15 de mayo de 2015

Destruction.

Aquel aliento de humo parecía la mismísima muerte obligándote a hacerle un jodido deepthroat.

Iba acrecentando el nihilismo ya inherente a mi usada y malgastada razón.

Supongo que es normal, transmutar una sensación con un valor.

¡Dios ha muerto!

Ha pagado un alto precio por su -ojalá- honesta intervención de arrogancia.
Pues, queridos, ni siquiera él tiene el poder de arrancar las esencias de la dulce y plácida inexistencia que reina en la nada.