lunes, 15 de enero de 2018

Atropa Belladonna

Tengo tantos sueños
que no puedo dormir.

Las musas han vuelto a mí
a través del humo.

Respiro a duras penas,
inhalo lo que dejas.

Quisiera no depender
de todo lo que adulo.

Me trago mi propio veneno
y me retuerzo entre rejas.

Si me sostengo,
no te asumo.

Solo dime si te quedas,
solo quítame esta niebla.

viernes, 12 de enero de 2018

Spanish leather

Mi aliento quema
como la ira del volcán.

El ruiseñor acude
a la llamada de las ramas,
mientras la vida irrumpe
rompiendo las cáscaras.
(Cielo, cielo,
dime por qué lloras.
Cielo, cielo,
dime por qué lloras).

Mis ojos fluyen
como frías cascadas.

Ese día
me pediste mi muñeca
y me la devolviste
meses después,
como nueva,
pero sin alma.
(Fuego, fuego,
dime por qué la quemas.
Fuego, fuego,
dime por qué no arde).

Mi aliento quema
como la ira del volcán.

Nana

Cuando era joven y temía al mundo,
mi madre solía cantarme una canción.
Hablaba del lugar adonde vas cuando tu vida en esta tierra se convierte en ladrillo,
hierro e infierno
que ayer no había,
y hoy dos.

La incapacidad
a veces,
se dilucida.

Y nos vemos de nuevo en esta senda,
lejos del antagónico sollozo
de la esperanza como soluto.
Y levantarse es más difícil
hallándome en esta habitación llena
de recuerdos rotos y acordes entrecortados.

Se dirá la verdad,
pero no soy el enemigo.

Me he puesto tus zapatos,
rasgo el suelo como tú las almas.
Pero llegué a darme cuenta
de que yo en lo real,
no era nada.
Así que dime,
¿por qué decidiste apoyarte
en un hombro que estaba cayendo?

Entiérrame a tu lado,
pues el cambio siempre amenaza a los que tienen miedo.

Tengo fe en la soledad
y no puedes quitarme eso.
Tengo fe en la destrucción,
aunque me quede sin pretexto.
Tengo fe en el abismo
que me mira inconexo,
pues solo ve lo que atisba
el empañado espejo.

¿Y no éramos nosotros como un campo de batalla destinado a pulverizar el tablero?
El ladrillo.
Y el acero.
Y el mundo morirá justo después,
siguiéndome
hacia una tierra más profunda.
Y, ¿no sería hermoso,
alcanzar al fin,
paradisíaco destino?

Porque hubo una vez también
en la que los bosques,
eran el cielo en la tierra.

martes, 9 de enero de 2018

Eurídice

Se está clavando agujas en la garganta otra vez,

Es un pecado delicioso
verte sucumbir
ante el ruido
de todas tus piezas cayendo,
en una armónica caótica,
en una tragedia sin victoria.

Hay naturalezas que no sucumben a las plagas.

Puedo demostrártelo,
veo a través de ti.
No sin perder matices,
no sin que la corriente de agua erosione
también
esto.

Ojalá tus huesos se desintegren con los míos.

Que las sirenas no cantan por cantar,
cantan por catarte,
por cazarte.

Déjate llevar por una vez. Aunque creo que ya es tarde.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Líquido.

Hay una posibilidad.

De las que no manchan,
de las que se van sin desgarrar.

Se disipa rápido
y cuanto más la aprieto,
menos se define.

No quiere limitarse,
no se deja condenar al agitado tumulto
que deriva de la mezcla.

Como leche sobre té,
como fuego sobre sed.

Las alas no ayudan a bajar,
Gravedad está orgullosa de permitir solo el descenso.

El remolino soy yo,
el ruido no me pertenece.

Mi velocidad de escape es un número dispar.

domingo, 10 de diciembre de 2017

De cuando el frío llega a quemar.

No se me anticipó,
tampoco lo hubiera creído.

Solo era un murmullo,
un eco vago,
empeñado en permanecer oculto
entre las partes más afiladas,
en las zonas más oscuras
allá donde habitan las esencias.

Al último trago también se llega,
siempre se llega,
y todo se reduce a irse a pique o aprender a nadar de otra forma.

Primero te di a luz,
perdiendo más sangre de la que tengo.
Luego memoricé la forma en que tus cejas se unen con tus sienes y el precipicio que separa tu barbilla de tu ego.
Y no sin mirar atrás,
te dejé marchar
flotando
como Moisés
por el Nilo.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Clavículas.

Me digo siempre las cosas primero a mí misma.
Siempre las mismas cosas.
Siempre en el mismo espejo.

Acto seguido, te las digo a ti,
en el reflejo
de lo que te enseño y lo que me dejo.

Tengo las uñas más largas que nunca,
lás costillas más apretadas que antes,
muchas cosas me las he dejado en ti
y todas las demás han cambiado,
se han adaptado a la adversidad
que reside en confiar,
en necesitar
solo
de lo que falta.

Se me vacía el estómago por pensarte,
estoy matándonos
para que se me vaya la mente en hablarte.

Aléjate de las líneas de fuego,
de las esdrújulas limitantes
pero quédate cinco minutos más
cantando al escucharte.

Voy a encender otro cigarrillo,
espero de verdad que no me estés oyendo.

Quiero saber qué harías si todo volviese a ti,
si todos los equilibrios que rompes,
se vengasen a la vez
precipitando también a tus hombros
hacia la peligrosa proximidad del subsuelo.

Estoy enamorada de los hombres que se mueren,
de las mujeres que renacen,
de lo que me vas haciendo.

Estoy enamorada y tirada en la arena,
he hecho todo lo que he podido.

Hazlo divertido
y no confíes en nadie,
pero ponme en tu película.

Caleidoscópica

Me invento sentimientos dentro de mi cabeza
que no existen,
pero que sí se sienten.
Es todo siempre un proceso de deducciones
extenuantes,
inútiles,
vacías
y que no llegan a ningún puerto.
Solo saben quedarse estancadas,
arremolinadas,
siempre cerca y nunca lo suficiente.

Que me da a mí que voy a tener los pies helados para siempre.
Que ocultarme de todo es un escudo imaginario.

Me gustarían muchas cosas.
Verte aparecer en el preciso instante en que la copa se vacía.
Parecer siempre distante, fría, pero a la vez expectante ante un posible cambio que nunca llega.
Y quedarme a hablar. Pero de nuevo hay alguien más escuchándonos.

Mejor llama a emergencias, que mi consciencia me retiene como rehén.