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Azufre.

Siempre llego a los lunes con muchas situaciones que analizar entre sien y sien,
como una ensaladilla rusa
llena de cosas
aunque solo importen las patatas.

Cambio como el tiempo,
por estaciones,
aunque ya no mucho
porque tú sigues plantando eucaliptos donde yo ardo.

Caminas despacio,
sin rumbo y sin pausa.
Acechando a lo que siempre se te acaba,
lo que nadie puede darte y solo tú puedes quitarte.

Te gusta bailar como Fred Astaire,
pero no te gusta el claqué,
así que te quedas quieto y vacío
sopesando cuál es la manera más rápida de anestesiarte. O de matarte. Ya depende.

Los martes no suelo funcionar muy bien,
se me llena el estómago de bilis
y tiendo a comer más aire que de costumbre,
más que ayer.

Siempre me caigo de la cama cuando sueño
y siempre sueño que me caigo de la cama.
He llegado a la conclusión de que, como dijiste,
mis esencias están en las caídas.

No me gusto si no respiro,
se me pone la cara roja y se me hincha el bazo
pero alguien me dijo que el dióxido de carbono
es l…
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Girasol.

Ay,
alma mía,
cómo voy a salvarte
si cada vez que te miro,
te tiras.

Que entre terribles visiones me muevo,
me desplazo,
buscando lo que nunca consigo,
lo que siempre es nuevo.

Ay,
despertares perdidos,
cómo voy a buscaros,
si todo lo que me dais,
lo acabo desperdiciando.

Cambias y cambias,
de primavera a enero,
desapareces de mis calles
escondiéndote en mi cuello,
delator,
roto
y muerto.

Ay,
luz desmedida,
no me quites,
por favor
el veneno que  mi garganta ansía.

Over.

Soy la cara de algo roto,
soy la cara de algo muerto.Me das la espalda cada vez
y sigues sin titubear
hacia el inevitable ocaso de lo cómodo.Soy la cara de la que huyes,
soy la nuca que te atisba.Obligada a ver el daño que has hecho
cada día
en cada muslo,
en cada pulso.Soy la cara del abandono,
soy la tez del veneno.Te estoy viendo arder antes de tiempo
mientras me arrancas las costras
para que siga fluyendo tu opera prima.Soy la cara que me dejas,
soy tú.

Gardenia.

Que me tengo que tapar los ojos cada vez que necesito verte,
calzarme deprisa y estar siempre lista
para correr
por si, de repente, te da por mantenerme la mirada durante más de un segundo,
por si verte oscurecer siempre que aceleras el paso
hacia la dirección contraria
deja de cortar.

Demasiado vieja para liberarme y escapar,
me descubro encadenada a tu calavera sin sesos,
desnutrida y sin aliento,
mis heridas se desgarran en contacto con el viento
y mis lenguas se disparan al remolino de tus huesos
cayendo,
cayendo
y cayendo
para no llegar a nada.

Y mientras mi cuerpo convulsiona sobre el suelo
tú bailas en círculos,
celebrando,
con tu pequeño y arrugado corazón,
una victoria sin término a la muerte rapaz..

Muéleme,
tritúrame,
deshazte de mis precipicios,
y camina conmigo.

Dientes.

Se que volverás cuando todo tienda a irse,
escupiendo en cada esquina
el poco humo que no llegas a inhalar.Pero es seguro decir que
el viento lo generas tú,
silbando y rozando,
desintegrándome en compases alternos.El quizás es la norma que te rige,
la cama sin hacer y los zapatos sin alinear,
el armario demasiado pequeño
y los alveólos tan rotos
que apenas se alteran cuando drenas toda tu ponzoña en mí.En trance.
Mis restos se disuelven en trance.En esta ocasión es tu sangre la que hace de tinta, y la mía te observa pegada, como siempre, a las baldosas
que cansinas rebosan
la ira que no canta,
solo solloza
escurriéndose entre los caminos que dejas vacíos.Nútreme con los restos,
las sobras que sé que custodias
a capa y espada,
dejando al águila al nivel del buitre,
arrastrando cada pluma
por cada cisma de tu espalda.Siento que no interfieras,
cuando las cosas van mal,
sí que quieres fronteras.

Mariposa.

Me ha resultado muy difícil llegar a este punto
y lo cierto es que he estado en él mil veces.
Bajo en influjo de la misma canción
y emanando el mismo efluvio que tu cadáver descomponiéndose en mi hemisferio izquierdo.Por qué tanta intuición para lo que no hace falta
y tan poca
para el pozo.Te juro que aún no me has visto,
aunque a estas alturas, mi médula es tuétano sólido, la sangre se me revuelve entre aurícula y aurícula cada vez que te oigo pasar por detrás de mí.
Quizá el coma sea la tierra prometida.
Quizá decir adiós no te cueste nada.
Cerradme.
Adiós.

Amapola.

Quisiera ser capaz de despegarme
el desarraigo es la meta
más aún desde que lo dejé todo ahí abajo contigo,
desde que destruí el medio y el preludio,
dejando de perder tiempo y centrándome en los principios,
y en tu final.Me gustaría desahuciarte,
tirarte al agua,
sin pensar en hasta dónde puedes salpicarme,
verte desembocar en el mar y enredarte con las algas
comprobar, al fin, que ni siquiera la muerte puede
morir.Calada y trago,
la barbilla hacia arriba
a más velocidad que una canción por párrafo,
más rápido de lo que huyes;
quítame las gafas y desnúdame
mientras me dices lo de siempre
porque
mientras tú mismo te encarcelas,
yo sigo siendo aire.