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Dientes.

Se que volverás cuando todo tienda a irse,
escupiendo en cada esquina
el poco humo que no llegas a inhalar.Pero es seguro decir que
el viento lo generas tú,
silbando y rozando,
desintegrándome en compases alternos.El quizás es la norma que te rige,
la cama sin hacer y los zapatos sin alinear,
el armario demasiado pequeño
y los alveólos tan rotos
que apenas se alteran cuando drenas toda tu ponzoña en mí.En trance.
Mis restos se disuelven en trance.En esta ocasión es tu sangre la que hace de tinta, y la mía te observa pegada, como siempre, a las baldosas
que cansinas rebosan
la ira que no canta,
solo solloza
escurriéndose entre los caminos que dejas vacíos.Nútreme con los restos,
las sobras que sé que custodias
a capa y espada,
dejando al águila al nivel del buitre,
arrastrando cada pluma
por cada cisma de tu espalda.Siento que no interfieras,
cuando las cosas van mal,
sí que quieres fronteras.
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Mariposa.

Me ha resultado muy difícil llegar a este punto
y lo cierto es que he estado en él mil veces.
Bajo en influjo de la misma canción
y emanando el mismo efluvio que tu cadáver descomponiéndose en mi hemisferio izquierdo.Por qué tanta intuición para lo que no hace falta
y tan poca
para el pozo.Te juro que aún no me has visto,
aunque a estas alturas, mi médula es tuétano sólido, la sangre se me revuelve entre aurícula y aurícula cada vez que te oigo pasar por detrás de mí.
Quizá el coma sea la tierra prometida.
Quizá decir adiós no te cueste nada.
Cerradme.
Adiós.

Amapola.

Quisiera ser capaz de despegarme
el desarraigo es la meta
más aún desde que lo dejé todo ahí abajo contigo,
desde que destruí el medio y el preludio,
dejando de perder tiempo y centrándome en los principios,
y en tu final.Me gustaría desahuciarte,
tirarte al agua,
sin pensar en hasta dónde puedes salpicarme,
verte desembocar en el mar y enredarte con las algas
comprobar, al fin, que ni siquiera la muerte puede
morir.Calada y trago,
la barbilla hacia arriba
a más velocidad que una canción por párrafo,
más rápido de lo que huyes;
quítame las gafas y desnúdame
mientras me dices lo de siempre
porque
mientras tú mismo te encarcelas,
yo sigo siendo aire.

Caléndula.

Ya me dirás qué tengo que hacer, ya que yo no tengo acceso, podrías contarme qué viene ahora según tu guion. A parte de lágrimas, idas y venidas.Espero morirme antes de que tus consecuencias me pongan la mano encima, antes de que me empapeles los párpados, la espalda y las manos con lo que no sabes pronunciar.Y de vuelta al hoyo. Centrípeta para siempre. Polilla y bombilla.¿Cuánto vino tienes que tomar para mirarme a la cara?

Estátice.

Hace algunos años decidí darme cuenta de que la única manera de saber, era dejar de estudiar. Que cederte mi voluntad era el camino más fácil hacia la estabilidad que con tanta desesperación me quitas.Sujétame.El delirio de grandeza que llevas a todas partes está empezando a pesar un poco más que tú. Y crece y crece y no sabes frenar lo que no sabes quemar. 451.Agárrate fuerte.Que solo si tiembla el suelo te entiendo. Cuando llueve y repercuten las gotas y truenos en mí. En la ruptura de las entrañas que ya no tienes.Sostén mi vino.Mientras me desato el alma y me dejo inhalarte entre trago y calada.Atrévete a caer,
porque te siento tanto que no puedo ni decirte buenas noches.

Siemprevivas.

No puede ser.
No puede ser que estés provocando todo esto solo poniendo los ojos en blanco y posando las armas.En tu cabeza, el humo de la pólvora,
besándose con la brisa de tu traición,
decide erosionar las retinas
de todo aquel que soporta la luz que irradias.En tus manos, las flores flotan
y se enredan con tus pestañas
como en un génesis inconcluso,
negándose a descender conmigo.En tus entrañas, la bilis espesa
se arremolina alrededor de tu núcleo,
atraída por el vacío de tu ira,
absorbida por la gravedad de tus actos multiplicada por 9,81 m/s2.Como en un desagüe muerto de sed,
soy la sangre de tus manos.