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Capricornio.

Llega un punto en el que todo lo que tienes alrededor, te obliga a crecer. Nadie merece ver el reflejo de su propia infancia hecha polvo ni, mucho menos, lidiar con las conductas de un niño.  A pesar de que no parece valer la pena, cambiar de perspectiva el tablero, es siempre la mejor opción para no perderse el momento que estás viviendo. Para que no pase lo mismo que cuando eras feliz raspándote las rodillas con la arena del parque y no lo sabías.
Siempre hemos ido adaptando el medio a nosotros. Desde la primera chispa, desde la primera rueda, desde el primer intercambio de fluidos. Por eso te incomoda tanto que te lleven la contraria cuando no tienes razón. Por eso la rabieta. Por eso la barbilla bien alta compensando la moral inexistente que, te prometo, solías tener. La vida sin principios es mejor no vivirla.
Quiero pensar que algún día seremos viejos y tendremos muchas historias que contar aunque sea imposible con esta tónica predominante que se basa en aplastar y pisar todo lo que…
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Penurias.

Desde siempre en mi casa ha habido un terror enorme hacia mi sangre. Cada vez que me raspaba las rodillas en el patio del colegio, los profesores se me llevaban corriendo con Manolo, el portero, -que hasta hoy sigue siendo una de las personas más bonitas que he conocido- y muchas veces tenía que llamar a mamá para que viniese con la vitamina K o el ácido tranexámico y otras muchas veces a Urgencias.
La enfermedad de Von Willebrand no deja mucho espacio para que un niño crezca y menos cuando tienes aún menos concentración de factores de coagulación que una persona hemofílica media. Las excursiones del colegio siempre eran motivo de discusión en casa. Con cada propuesta de diversión, se analizaba todo contando y cuantificando todas las posibles lesiones que podría sufrir si iba, así que, casi siempre, me quedaba en casa, o peor: tenía que ir a clase. Porque imagínate que me seccionaba la femoral con un bastón de esquí y la ambulancia especializada con los factores polimerizados que caduc…

La voluntad de poder.

Dime tu meta.Enséñame todo lo que no puedo controlar mientras tú manipulas en mí todo lo que, sí, puedes.
Crecí demasiado rápido y tus zapatos nunca me fueron grandes; y del mismo modo que tu moral desmerece  todo lo que eres, todo lo que he puesto en ti, todo lo que podrías ser, yo tiro a la basura las posibilidades de libertad por esta celda llena de flores marchitas.
Quítame de ser lo que no puedo contener. A la vez que tú y tus pequeñas paredes me prometéis que todo estará bien.

Agua.

No me pasaba desde hace mucho, pero con el último cigarrillo, he visto las cosas con claridad.
Primero, somos al hábito lo que el hábito a nosotros. Me sigue sorprendiendo mi entorno y que se me rice el pelo solo en primavera, pero todo parece ser mutuo y con una relación de causa y efecto. Tú y yo a parte, la segunda ficha siempre se cae cuando empujas a la primera y, bueno, sin irme más por las ramas, no vas a ser lo que podrías ser por mucho que debieras hacerlo. Y yo no puedo hacer nada por que cambies tus zapatos por los míos. Es inútil. Como el nombre que nos he puesto. Como ver vida más allá de Ío.
Segundo, tengo todo lo que hace falta para funcionar, pero no funciono. No del todo. Es como si alguien hubiera triturado todo lo que tengo por debajo de la piel y me hubiese echado del nido, de forma cruel, antes de que la oportunidad de aprender a volar me hubiese sido dada. Y lo que iba a ser alondra, se quedó en gusano.  No hay lugar para el azul entre tanta tierra.
Tercero, nada just…

Menguante.

De pequeña me gustaba imaginar que controlaba el viento. Soplando más o menos fuerte para que este lo hiciese de igual manera.
Me gustaba creerme que todo saldría bien.
Que le daría a mi madre lo que mi padre no pudo darle: felicidad y una casa bonita.
Siempre he querido que todo el mundo fuese feliz, que cuando llegases a casa te esperase siempre tu comida favorita en la mesa y que, cuando menos te lo esperases, tu libro favorito acabase de la forma que tú quieres.
Pero las cosas no funcionan así.
Por mucho que lo intente, la violencia impera.

Confío en todo el mundo de manera predeterminada y tengo un don que me dice qué carencias tienen las personas y otro que me explica cómo cubrirlas. Ojalá supiese hacer lo mismo conmigo. Ojalá no haber tomado esa cerveza abierta que me ofrecisteis. Ojalá no recuerde nunca lo que pasó después.
Porque todo el rato es el yo el que se queda por detrás, total, ya tendré tiempo para mí misma en la tumba. O en la urna.

Mis amigos dicen que se me da bie…

Doblepensar.

Piel con piely lo que tendría que ser bien,se siente como terapia de choque.
En vez de cosquillas, cuchillos.
No importa cuánta lava pueda producir, tu hielo sigue siendo más denso. Tú sigues blindado e inaccesible.
Y me preguntas que qué me pasa.
Que por qué empapo la almohada.
Que por qué huelo tan bien después de tanto whisky.
Que por qué soy tan bonita.
¿Por qué estoy tan podrida? Si al final todo acaba igual: el zumbido de tu bragueta, tu espalda y vuelta a empezar.
Nos acabaremos cuando se acabe.

De monstruos y hombres.

Uno de mis mayores problemas con la vida adulta -y no tan adulta- es que todo va demasiado rápido.
No te recuperas del primer golpe y ya está todo en el octavo.
666.
Pero lo peor es otra cosa.
La velocidad solo genera más velocidad, como tu violencia y mis arañazos.
Pienso más rápido de lo que puedo -o podré nunca- procesarme. El vórtice en el que me sumerjo, me lleva consigo. Pienso tan rápido que vivo las cosas antes de decirlas. Nadie puede vocalizar tan rápido. 
O articular un sonido que signifique algo más que todo lo que nos cuentas.
Y ya lo he probado todo. Pero nada realentiza esto. Ni las benzodiacepinas, ni lo ilegal, ni los cobatas que te haces, ni los chupitos que me debes. Nada sustituye esto. Nada te sustituye a ti. Todo es mentira. Todo te grita.
Algunas cosas no tienen solución.