viernes, 17 de febrero de 2017

Opio para el pueblo.

Desde que no duermo tengo demasiado tiempo para todo.
Demasiado tiempo para mirar al techo, demasiado tiempo para analizar cosas que están muy arraigadas en el pasado, demasiado tiempo para quejarme, demasiado tiempo para que me ardan los ojos a cada pestañeo y demasiado tiempo para beber vino.
La paradoja está en que todo lo que hago, lo hago parcialmente y ya sabéis lo mucho que el maestro Yoda detesta las medias tintas.

Volviendo a lo del vino, el otro día me bebí una copa tan despacio que para cuando terminé, estaba completa e irrevocablemente ebria. Lo que es la psique. Y lo que es hacer que te esperen mientras estás dos horas dando pequeños sorbitos y hablando del existencialismo sartriano. Qué kafkiano.

Me encanta divagar. Y más aún, me apasiona divagar en alto. Lo que pasa es que siempre que lo hago, siento la ceja izquierda de mi madre arqueándose al final del pasillo. A veces se inmiscuye en mis asuntos y -si no lo sabíais os lo cuento- no soporto que me interrumpan cuando hablo conmigo. En especial cuando son las tres de la mañana y solo sé llorar cual neonato.

Creo que no he superado mi infancia y Freud también lo cree. Aunque darme al etanol se me da muy bien. Como liar cigarrillos a la vez que veo mi existencia sumirse por un desagüe imaginario en dirección al Tártaro.

Supongo que estas cosas pasan. A mí me pasan.

Un café me sentaría bien. ¿Has hecho café?

jueves, 16 de febrero de 2017

Sfumato.

Mejor si no llego lejos.

Tampoco es como si estuvieses yendo a ninguna parte. No conmigo.

Tengo demasiadas canciones para el otoño y demasiadas pocas para el invierno.

Limitas hasta al folclore. Pero no más que a mí.

Octubre solía ser más difícil que el resto. Hasta que llegas a Enero.

No me desequilibres los esquemas si no quieres que me tambalee. A ningún trapecista se le hacen esas bromas. Y menos al que no tiene red.
Yo no tengo red.
Jugar con red es como tener un comodín y los comodines disuelven los contextos.
Tú sí que tienes. Sé que tienes. Lo que no sé es cómo identificarlos. Ni dónde los escondes. No eres de los que utilizan las mangas para todo así que supongo que encontrarlos va a ser un poco más difícil que ojear en lo obvio.

Aunque lo más probable es que eso solo sea lo que yo me cuento. Al fin y al cabo, mía es la recaída y la adicción. Seguiré siendo la que siempre pierde, pero es mi elección. Tú sigues siendo el títere. Mis desviaciones no te pertenecen. Solo yo puedo guiarlas.
Solo yo me recrimino.

Antes de que me dé cuenta, será Julio otra vez y podré mover mis fichas en el juego feliz.

Aunque las hojas siempre vuelven a caer. O yo.