viernes, 27 de febrero de 2015

Empty.

Quiero que me abras todas las venas,
y que vayas, lentamente, vaciándome.

Líbrame de la oscuridad a la que me has condenado.

Quiero que me arranques el alma,
déjame sola.

Líbrame de la oscuridad a la que me he encadenado.

Quiero desaparecer. Huir,
sácame de aquí.

Líbrame de todo lo que me has dado.

Gota a gota.

Bermellón.


Había sido una actuación sublime; tanto que los aplausos y los vítores me perseguían mientras caminaba a un paso lento en dirección a casa.

Hacía frío. Bastante. Pero no era un frío húmedo y tedioso, era un frío agradable.

Desafortunadamente, aquella tonificante sensación me fue prematuramente arrebatada por el mundano calor de mi morada.

Lo cotidiano suscitaba un odio tan intenso en mí…

Me quité la ropa y me dirigí al baño; allí estaba mi última obra.

Al encender la luz, me quedé sorprendido por la bella y primitiva combinación de colores y, sin más, continué descuartizando aquel cuerpo.

Catalepsia.


El brillo que desprendían aquellas cuchillas era de lo más insólito.

Tentadoras, como el cántico de una sirena.

Morbosas, como la satírica mente de Oscar Wilde.

Y yo, heme aquí, susceptible y presa fácil para las inquietudes de mi conciencia.

La gravedad de mi propio masoquismo agarró, con dos temblorosos dedos, una de aquellas finas hojas de muerte.

Fría, como mi alma, si es que acaso poseía una.

La autocompasión también estaba incluida en mi amplio espectro emocional.

Una gota de sangre cayó en el aséptico suelo del baño; el contraste era sublime.

El oxidado sonido de la tostadora me sacó de golpe de mis caóticas ensoñaciones y, sin más, continué preparando el desayuno.

domingo, 15 de febrero de 2015

Emptiness.

Rabia.
Nunca había escrito con rabia.
Francamente, creo que yo misma me había aclimatado a dejarme inspirar solo por el desencanto -y sus consecuentes derivaciones emocionales-.
Pero la rabia es algo nuevo.
Lo cierto es que es una sensación sobrecogedora.

Siento la mirada de Descartes fija en mi espalda por apologizar a Psique; me importa un comino.

No sé ni por qué sigo escribiendo.

Bueno, quizá sí...

Estoy tecleando para manifestar mi más intenso odio a todo lo que me rodea.
Lo cotidiano solo suscita una enorme bola de negatividad con la que tengo que lidiar cada noche.
Y cada noche es más grande.

Ahora la rabia se ha transformado en ira.

Genial, estoy pecando.

Lástima que Dios sea persona non grata en mi hipotálamo.

La ira y la rabia son subversivas. Sacan lo mejor de mí; se llevan mi debilidad.
Quieren ser ventiscas y ya son huracanes.

Y, definitivamente, no sé qué siento.

Me he perdido a mí misma en los gritos apagados de mi conciencia hecha pedazos.

Ya no me queda nada.

Vendetta.