viernes, 27 de febrero de 2015

Bermellón.


Había sido una actuación sublime; tanto que los aplausos y los vítores me perseguían mientras caminaba a un paso lento en dirección a casa.

Hacía frío. Bastante. Pero no era un frío húmedo y tedioso, era un frío agradable.

Desafortunadamente, aquella tonificante sensación me fue prematuramente arrebatada por el mundano calor de mi morada.

Lo cotidiano suscitaba un odio tan intenso en mí…

Me quité la ropa y me dirigí al baño; allí estaba mi última obra.

Al encender la luz, me quedé sorprendido por la bella y primitiva combinación de colores y, sin más, continué descuartizando aquel cuerpo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario