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Ser una buena actriz es algo bastante útil. Ser bonita también lo es. Si eres actriz y la más bonita del mundo, a la vez que mereces un Nobel y un par de galardones sociales, mejor y peor.

Protagonizar las primeras escenas sexuales en el mundillo del cine es de esas cosas que deberías poner en el currículum, aunque nunca sabes exactamente en qué parte; nunca debajo de lo de: "encarné el primer orgasmo femenino del séptimo arte". A ver si se van a pensar lo que no es.

Situarlo debajo de ciertos hallazgos científicos de mediados del siglo pasado -que estás utilizando ahora mismo- puede quedar un tanto pedante; sin embargo, lo de descubrir los espectros ensanchados por saltos de frecuencia y cumplir los dictámenes de Tesla, es algo que debería destacarse de alguna manera.

En vez de currículum, mejor hago autobiografía.
Aunque publicar mis cosas bajo el nombre del colega este, nunca más; pero entendedlo, el hombre blanco debía saber lo que yo sabía. Luego una quiere reconocimientos y son difíciles de conseguir.
Hablando de hombres blancos, nunca os caséis con un nazi. Son aburridos en la cama y tienes que acabar drogando al servicio para poder irte del continente en un barco en el que a duras penas cabes.

Cualquier mujer puede ser glamurosa, lo único que tiene que hacer es quedarse quieta y parecer estúpida.

Hedy Lamarr, el orgasmo del cine que inventó el wifi.
Y el bluetooth.

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Horizonte de sucesos.

Desplázate despacio,
las hipótesis son todas falsas. Pero nosotros somos la explosión.
Matamos a los ojos en la cara del cielo mientras me niego a aceptar el crujido de la cocaína en tus huesos.
En un instante está y al siguiente se va efímero y mortal, persistente y rapaz.
Deprédame entre espinas úsate de tinta.

Oblivion.

La verdad es que a veces me olvido de admirar la calidez del instante. Es algo de lo que no me doy cuenta hasta meses -o años- después. Cuando ya es tarde. Cuando las gracias ya no se dan porque son muy de psicópata obsesiva. A lo mejor me va mejor si voy aceptando eso último como premisa para todo lo que pienso. Lo que pienso fuera de tiempo.

Ahora mismo me apetece recuperar tu hombro mientras Russel Crowe escribe ecuaciones en las ventanas, de fondo, creando atmósfera. Como si te hiciera falta. De vez en cuando te dejabas querer.

Me gusta hacer gala de muchas cosas. De mi capacidad para soportar enormes cantidades de dolor sin rozar umbrales críticos, de lo patosa que soy, de lo bonitos que tengo los pies o de los pocos miedos que me han tocado. Pero lo cierto es que soy una persona profundamente asustada.
Miedo a los lugares demasiado iluminados, miedo a los peces, miedo a los insectos, miedo a mí, miedo a lo que no puedo analizar, pero más que a nada: miedo a no recordar.
Más que …

New Macabre.

Pero no puedo hacer nada
si todo lo que quiero
es la angustia
que espero.

Me están cantando
mi ira y mi mente
sobre un lugar más allá,
más tranquilo,
más caliente.

¿Está tan mal?

Todas las pequeñas cosas
se arremolinan en círculos
y, lo siento, porque ni siquiera las más lejanas
son capaces de acabar con el vínculo.

Enciéndeme eso.

¿Es en Júpiter
o en Saturno
donde habitan las conclusiones
de lo absurdo?

Qué suaves son tus fauces.

Esas luces a tu lado
te ciegan,
te impiden ver a las que esperan,
te dejan las mañanas sin estrellas.

Polivalencia entre bambalinas,
no quiero verte más
que me dices que querer es poder.