domingo, 27 de julio de 2014

Anywhere.

El silencio se rompe y los aplausos inundan la sala; no caigas en la trampa, no suenan por ti. No te soportan.
Sus manos chocan, orgullosas, por tus interminables y erráticos fallos. ¡Como si me importara!
Pero siguen siendo sus carcajadas las que navegan en el aire, y tus lágrimas las que se hunden en él.
Las butacas se vacían y las luces son devoradas por la oscuridad, como si fueran las notas finales de un nocturno de Chopin, sumergidas en un dacapo interminable.
"No vale la pena", te dices. "Baja de tu maldito pedestal".
Y me voy del escenario saliendo a la fría e incesante lluvia. Ella por lo menos emite una melodía armónica.
Los violines me persiguen, guiándome a ninguna parte, mientras los contrabajos marcan el ritmo de mis pasos, inexorablemente.
Espero un disparo, una palabra, mientras camino sin rumbo en busca de un final infeliz.

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