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Melocotón

Todo el mundo sabe que estoy un poco muerta por dentro. Nací con un nombre raro, una enfermedad equivocada y con la cabeza muy grande en proporción con mi cuerpo. En el patio de mi guardería había una piscina que hacía esquina y que siempre estaba vacía, de agua porque al pasar de los quince grados se llenaba de lagartijas y no diré nombres, pero sé de alguien que conoces que ha digerido más de un reptil; el último día, recogí mi mochila -que era como un peluche de Garfield pero hueco como tú-, me fui al baño y tuve la suerte de perderme en una habitación con un piano enorme que no sabía tocar, pero si admirar, manchar y hacer sonar y bueno, casi estaba la policía en la puerta cuando me encontraron. Ese día hubo remolacha hervida para comer. Mi madre desempolvó su agenda para conseguirme una plaza en un colegio en el que la vida se me haría un poco más cuesta arriba de lo que espe...

Espalda.

Creo que he nacido para valorar la felicidad del prójimo, para admirar la lágrima que colma el vaso incluso cuando la sequía es consonante. ¿Dónde está Dios? Las orejas van a caérseme o las ojeras o eso de lo que ya no queda, ialma estúpida y escurridiza. ¿Cantaban uno o lo hacían dos? La noche es la constante, el suelo nunca se hunde después de comer, grillo y murciélago, borracho y sin sendero, amigo, esposo, compañero. ¿Oyes a Satán? Bailando sobre las cenizas de la luna, mi blanco es oscuro, se balancea entre balas, hace eses con las muelas. ¿Que sus pies rozan el cielo? Desde este sótano distingo, con angustioso delirio, la canción del verdugo, del amigo y del esbirro. ¿Saltó o la empujaron?

Beso

Hace una vida, quise ser Klimt, odiar a quienes insistían con prisa y sin pausa, intentando convencer a un público vacío de que la muerte es una coma, un coma inconcluso que te permite flotar para luego caer o volar según el veredicto de la única consciencia que debe reinar, juzgar y delegar, confiar en súbditos indómitos que no se dejan someter, que queman coronas o lo intentan para luego dejarse caer desde las nubes hasta en atardecer. Quemad mis obras en grados fahrenheit, del mismo modo que yo te quemo, que yo me quemo, huyendo del tiempo, levantándome siempre para acostarme de nuevo en el suelo. Los finales nunca son tragedia la tragedia se masca, se enrolla, se bifurca siempre en lo ideal y la realidad de la que eres preso aunque ni siquiera exista, aunque solo duela. Por eso el punto es benévolo, su concesión a un fin es la clemencia del verdugo, que con su afilado yugo completa la condena, el ...

Fácil vivir.

La desgracia se propaga por el agua a la misma velocidad de tu partida, se arremolina entre dagas que asesinas admiran a la lluvia caer antes de que empiece a llover. Esta guerra es un prólogo inconcluso una balada triste que amenaza con mantenerte recluso de los pecados que viste. Enviarán sus condolencias duques podridos, reyes mimados y ecos vacíos, me oiré buscarte aprentando puñados de arena solo para ver su recurrencia. Encontraré de todo menos el éxtasis. Muerte, luz y sombra, ira, paz y penumbra. Nada que no persigas, nada que no vivas. Nada que no sujete el gigante Atlas, que con ayuda de Axis, te permite negarme y aún así girarte, para verte marchar.

El odio a las Moiras.

Cede, duéleme, que no me sirves si no palpitas, que solo lloras cuando te marchitas. La felicidad solo conmueve cuando es la lágrima quien la porta, cuando toda puerta se cierra y la sonrisa, al acecho, descubre que todo es un juego y que en él, nada florece. Pues nacer es la meta, y vivir, el transcurso, solo se vuelve insulso si es sin tu impulso. Recuerda que el camino solo se hace largo, porque las huellas que persigues, son también tus huellas. Precede, desplázate, que si llueves no mojas, que si caes no te arrojas.

Esmeralda

Tus miedos son reales. Tus miedos son reales. Tus miedos son reales. Me torturo, siempre. En pasado, presente y futuro. No quiero decirte esto. No quiero decirte esto. No quiero decirte esto. Lates como el cáncer informando de que estás donde estás cuando toda cura se vuelve letal. Hablar es barato. Barato. Barato. Brillas por tu ausencia, eres un cuchillo que roza con su filo el ennegrecido hilo que te sostiene en vilo ante el profundo abismo que separa al que muere de lo vivido. Quiéreme. Quiéreme. Quiéreme bien. Te lo contaré todo cuando mis pestañas atraviesen, húmedas y frías, la fina tela del sudario que fallará en cumplir su por qué.

Treat

La sangre es el camino al alma a capa y espada, entre pared y daga, las rutas cambian y la luz se apaga. Un veredicto sin juicio, una sentencia sin esbirro, condénote al olvido y al yunque adormecido del poderoso suspiro que arrebata las esencias arraigadas en el ser. Se ciñe sobre él como una sombra camina a su lado en silencio, expectante siempre al cambio, al solsticio que sumergirá en un coma inconcluso a la inmaculada virtud de la astucia. Perdono y olvido, rezo y concluyo.

Quien bien te quiere.

Hay heridas en mí, hay lesiones en abismos recónditos, vienen de la nada, pues la nada son, y solo lloran cuando quiero oírlas, cuando las admito. Cansada de tus rebotes, varada en una playa sin agua capaz solo de observarte, concentrada, en tu afanosa tarea. Trozo a trozo vas cogiendo lo que quieres, lo que no quieres en mí, y en su lugar dejas que habite la acidez de la sal. Y mientras me agazapo, abrazando mis rodillas, en una esquina de la celda que tanto amas, una sonrisa de satisfacción se atreve a delatarte desde detrás de tu máscara.

Carta a Astaroth

Nada dura. Siento mucho tener que estar matándonos antes de tiempo, pero la paranoia gana y los equilibrios son muy inestables. Sígueme, te sacaré de esta nube. Con cada frase que nace de mí, necesito borrar dos y así me voy vaciando. Necesito el drenaje más que el licor. Ya no ardes lo suficiente, ya no quemas sin aliciente. Mi piel es fina, mis brazos son débiles, mi pelo es frágil, pero mis rodillas, a raíz de caer una y otra vez, son más fuertes que tu ego. ¿Qué esperabas de mí? Es un domingo triste. Para Vincent, la tristeza nunca llegó a acabarse. Para mí, todo acaba. Tú también.

Estigma

Camino, dibujo mi trayectoria con dos décadas de tinta, con mi sábana mortuoria agitándose a espaldas de puertas que solo gritan. Y la esperanza, cancerígena, con su constante amenaza agita su espada y flagela al ideal de sol que se aventura entre barrotes de dolor, que penetra la jaula invisible que me mantiene a oscuras, entre tinieblas y conjeturas. Que no me quiero, solo me mato, clavándome las uñas, huyendo de la luz, hundiéndome entre navajas, siendo suave, siempre suave, siempre blanca y sucumbiendo en un mar escarlata que nace y mancha, que fluye y emana la misma voz que me llevaba a oniria cuando todo era más simple, cuando la única función de la sangre era arremolinarse en mis mejillas ante la esperada oferta de algo dulce a cambio de silencio.

Oda

Te vas a derretir, siento haberte traído hasta aquí. Sé que mis sienes van a ceder un día de estos, la presión llegará a ser insoportable, como una hoguera en una bola de cristal produciendo más calor del que el vidrio acepta. Te estás deshaciendo, no pretendía hacerte tanto daño. Basta que deje de quererme azul, para que Ezis y Ápate se agarren a mis muñecas de nuevo. El crescendo sufre la condena de ser lo único que entiendo. Te has convertido en trozos, ¿sabes que no vas a volver a encajar? Dentro de no mucho, el cielo y las nubes caerán, y te aplastarán contra el suelo y solo entonces tus pies entrarán en mis zapatos. Me gusta poner a prueba la lealtad como valor, por eso camino siempre de mi mano.

Entre Dante y traición.

De verdad lo espero, por vuestro bien, que no sea cierto. Que todo lo que tengáis que decir, lo digáis en vida, porque lo que se oculta se parece más a las piedras que el aire que siempre diluye tus dictámenes. Es aquí donde empieza el verdadero infierno, ante los ojos llorosos de Homero y Virgilio contemplando a su creación juzgar y viendo a Cleopatra caer sobre sus rodillas mientras la sangre de Cavafis se desliza por sus costillas. La sed de venganza no es un pecado, no perdonar es un derecho. He tomado la decisión, deja ahora que la lección se imparta. Sus dientes solo miden unos pocos centímetros, y tu carne es tierna, podrás soportarlo, entre sangre y fango. Dime por qué me miras, por qué arrastras tanto oro como si fuera basura cuando lo único sin valor alguno eres tú. Te prometo que entre giros y furias, entre fosas y círculos, me veréis arder y arderéis conmigo, so...

Oblivion II

No necesito vender mi alma. Me he despertado con pocas luces y siendo solo consciente de cada rol sobre el tablero, y resulta que no solo ganas siempre, sino que yo no soy nada, aleatoria y con seis caras. Qué bonita es la puñalada inesperada, qué bonito es que algún día vaya a volar, qué bonitos son John y June, pero no me entierres, y si lo haces, tú a mi lado. Ten miedo si das con my corazón izquierdo, late igual que los demás, parece incluso el mismo, pero hiere con profundas incisiones a todo el que osa desafiarlo. Veré oscuridad y tú descansarás conmigo en un prado de piedra donde nadie gana, donde nadie juega, donde las trampas ya no valen, donde todo se escribe con mi nombre. Mi historia será también mi muerte.

Edad

Ha vuelto el frío y me ha traído consigo. Tampoco es como si me hubiera ido, no por mucho rato, aunque tú ya sabes que las ausencias de mentira también se notan. Estaba muy bien metida en tus zapatos; y es que, aunque tus pies sean pequeños, deambular amando solo a quien te amaba a ti, era hasta reconfortante. Tranquilo. Fácil. Fui tú y acabé odiándome. Me aterroriza que se muera con mi cabeza entre sus rodillas, que nunca termine de trenzarme el pelo, que el tiempo se la lleve como a esa manzana golpeada que nadie quiere. Cada vez que la visualizo en su ocaso, mi almohada se empapa incluso antes que mis muñecas. Hay hábitos que nunca se pierden. Quisiera poder hacer algo al respecto, parar al acelerado metal que nunca se acerca para matar, pero solo puedo quedarme muy quieta y esperar a que termines conmigo. En oniria y fuera de ella. Por lo menos en mis sueños haces algo.