domingo, 1 de mayo de 2016

Evaporación de sistemas.

He de reconocer que tiendo a olvidar las cosas que me hacen daño.
Siempre quedan esquirlas, no oséis malinterpretarme.
Me miento a mí misma diciéndome que, de algún modo, es la forma que tengo de aprender de mis errores: dejando pequeños trozos intactos que, por norma general, son los más afilados.

Después de esta sesión de autoconvencimiento, y mientras intento cuantificar el nivel de odio que he conseguido acumular en contra de toda catarsis o ciclo, me centraré en el quid de la cuestión, el cual se basa en la ignorancia completa de las intenciones de mi memoria y mi raciocinio.
Explicadme la diferencia entre engaño y advertencia, porque en mi caso ambos están sumidos en un continuo bucle cuya tangente no encuentro ni yo.

Si los funcionamientos básicos vienen prefabricados, decidme qué falla en mi cadena de conjeturas para que siempre esté en el mismo punto sin salida -o sin retorno-.

¿Retroevolución?

Cada pequeño cambio de variables, supone un gran giro en el resultado final, el cual no se muestra hasta que es inevitable.

No sé si sí o si no, pero sé que, sin lugar a dudas, contribuye a mi total desintegración.

Y se acerca.

Tanto que estoy empezando a no poder evitarla.

Hay algo en ella que me transmite paz.

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