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Cortinas de hierro.

Las tijeras. Afiladas. Desprendían un brillo morboso que llamaba a mis manos como un cántico de sirenas a una tripulación cualquiera perdida en el gran azul.

El óxido. El calor. La sangre. Manaban sin cesar de la misma y caótica cicatriz.
Era imperceptible, era hermoso. Eran todos los resquicios de mi fuerza restante condensados en un punto y final. Un punto grueso. Líquido. Húmedo. De los que rasgan el papel. El punto que une lo que hay delante y detrás del telón.

El hilo que levanta el tupido velo entre las dos antagonistas por excelencia. La que sangra y respira y la que no puede sentir: la vacía y la oscura. El día y la noche. La vida y la muerte. El latido y el silencio. La cárcel y la vía de escape.

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Disidencia.

La humanidad está perdida.
Siempre tiendo a pensar que las personas son buenas por naturaleza aunque predico todo lo contrario. Y siempre me llevo la bofetada. Y el puñetazo. Y la caída. Y la patada.
Tengo que hacerme más caso cuando me digo las cosas. Por conservar la cara más que nada, que ya bastante perdida la tengo.
Todo el mundo mira por su interés personal y todo el mundo está con todo el mundo porque puede sacar algún tipo de beneficio de él: que si estabilidad, que si autoestima o que si cubatas. Hay relaciones que se basan en los cubatas. O en los porros.
Todas las relaciones tienen un punto de toxicidad en ellas, más o menos ponzoñoso, pero tóxico al fin y al cabo.  La meta es cambiar eso, y no dejarse dominar por la idea de que no es posible, pero lo que es, es. Y yo, ni lo estoy, ni quiero estar en contra de los intereses personales de cada uno, si te beneficia votar a quien votas, vótalo. Total, el individualismo te va a expropiar tu propio culo antes o después. Quizá el…

Siemprevivas.

No puede ser.
No puede ser que estés provocando todo esto solo poniendo los ojos en blanco y posando las armas.En tu cabeza, el humo de la pólvora,
besándose con la brisa de tu traición,
decide erosionar las retinas
de todo aquel que soporta la luz que irradias.En tus manos, las flores flotan
y se enredan con tus pestañas
como en un génesis inconcluso,
negándose a descender conmigo.En tus entrañas, la bilis espesa
se arremolina alrededor de tu núcleo,
atraída por el vacío de tu ira,
absorbida por la gravedad de tus actos multiplicada por 9,81 m/s2.Como en un desagüe muerto de sed,
soy la sangre de tus manos.

Jazmín.

Tengo la dichosa manía de ver siempre todos los posibles significados que tienen las cosas.
Las que haces y las que no.Todas las opciones acompañadas de todos los caminos que estas pueden recorrer se agolpan entre mis sienes y se montan una fiesta ellas solas, rompiéndolo todo y yéndose sin fregar los vasos.
Muchas veces, también se dan besos y se entremezclan entre ellas, porque su motivo de existencia es, de forma exclusiva, triturar la calidad de mis perspectivas.Y a mí me gusta fluir. Siempre. Que mis pies se deslicen solos hasta que dejen de rozar el suelo.
Y esta dichosa manía mía solo me deja con la miserable opción de brindar con todas las desdichas e hipótesis.No quiero imaginar esto, pero seguro que todo esto me esculpe y me define y es siempre mejor dejar todas los cabos sueltos, aunque en las pelis no me guste nada -me guiñas un ojo desde la esquina más alejada de la habitación-.Y sé que tengo que parar de avanzar, porque el agua se torna demasiado fría cuando te acercas a…